Freud dijo que el amor, al igual que el odio, es una obsesión. Cuándo alguien está obsesionado, no puede sacar de su cabeza al objeto de su obsesión. Por lo tanto, alguien que está enamorado de otra persona, tendrá a esta en su mente, casi constantemente. Con esto no quiero decir que aquel que está enamorado vaya a estar todo el rato pensando en su amor, ni mucho menos. Pero sí que lo tendrá presente en su cabeza, en cualquier recoveco de su subconsciente, esperando a ese evento que reactive su recuerdo. El enamorado está expuesto a este olor, ese color, o aquel sonido que represente a su inquilino mental. La lista es muy extensa. Si paseo por la calle, tal vez vea una frutería cuyas coloridas frutas me recuerden a las gomas de su pelo. ¿Y que hay de la imagen de esa chica que entra a por un regalo a una perfumería, y da un rodeo enorme para coger una muestra de una especifica colonia de hombre? No se sabe el camino de memoria, pero su subconsciente sí... ;). Podría seguir citando e inventándome infinidad de ejemplos, pero la idea ya está bien representada.
Del mismo modo, el subconsciente de aquel cuya obsesión se traduce en odio hacia otra persona, se vera planeando el modo de perjudicar directa o indirectamente al objeto de su odio cada día, cada hora, o incluso cada minuto, dependiendo de la intensidad de su obsesión. Muchos son los que se jactan de odiar a su jefe, al perro del vecino o al cantante de cierto grupo de pop/rock pero, ¿realmente es eso cierto? ¿Se pasan el día pensando en esas personas? No se debe utilizar el verbo odiar tan a la ligera, puesto que el odio es un sentimiento superior, casi perfecto, que muchísimos mortales son incapaces de sentir, a menos que reciban un impulso extraordinario. Exactamente igual que el amor (por ello habló Freud de ellas en conjunto). De todos modos, ¿que se puede esperar de una raza que cree en el amor a primera vista? Un individuo puede llegar a “enamorarse” hasta cinco veces en una misma noche de sábado. ¿Es eso amor, realmente? ¿O el mero deseo carnal que exige el vulgar cuerpo? La capacidad de amar (y por tanto, la de odiar) reside en el alma, y no en el cuerpo, como piensa la mayoría de la humanidad. Por lo tanto, escasas son las personas capaces de sentir algo tan sublime, por su incapacidad de despegarse de su cuerpo, ignorarle, y realizar el viaje del alma.
¿Y qué es lo que sienten esas personas, entonces, si no es amor, u odio? Hagamos una cosa. Llamemos de esa manera a eso que ellos sienten. Posiblemente sea el 95% de la población la que viva en ese engaño, así que menos nos costara cambiarle el nombre a lo nuestro. Añadamosle la palabra “verdadero”, al amor o al odio de verdad, a ese amor blanco (o negro) y puro. Que todo lo demás, lo gris, sea para los comunes mortales.
¿En que se diferencia el verdadero amor del otro? De inicio, a los que realmente se aman no les hace falta estar jurándolo en todo momento. Dos personas que realmente se quieren, bien lo saben, por que su vinculo es superior a cualquier otra cosa, más estrecho, casi telepático. Ese vinculo sale de sus almas, las une; y no de los cuerpos, como en la mayoría de la gente. A través de ese vinculo, la persona que ama será capaz de sentir muchas de las cosas que la otra persona sienta, y no diga. El amante de verdad es capaz de ver el dolor, el placer, los deseos, o incluso un posible amor como respuesta al suyo. El amor no es solo una burda atracción física. Hay parejas que parecen perfectas, por que se pasan el día juntas, y su vida sexual es completa (están todo el día como conejos). Pues no necesariamente esto último lleva a ser una pareja perfecta, cuyo amor es puro y verdadero.
Claro está, que todo esto puede no ser muy comprensible para la mayoría de la humanidad. ¿Como comprender algo que nunca has sentido, no sientes y posiblemente nunca sentirás? Lo único que pueden hacer es limitarse a ver la forma de actuar de una persona que ama de verdad. Esa persona tendrá unos valores muy distintos del resto. A diferencia de la mayoría de la humanidad, antepondrá el bienestar de su amado/a al suyo. Será capaz de sacrificarse, por que este no sufra. Le dará igual sentir dolor, con tal de que esa persona esté bien. Y todo por otra persona. Mucha gente dice que sí, que por supuesto estaría dispuesto a inmolarse por la gente que quiere. Habría que verle en el momento del sacrificio. Si realmente lo lleva a cabo, una de dos, o es muy valiente (y un poco tonto), o está enamorado.
Por último, la prueba definitiva de amor. La de la fidelidad. Esta es la que mas cuesta de asimilar, por parte de la gente. Queda claro que el alma y el cuerpo son dos cosas distintas, a distintos niveles. El amor va por parte del alma, y el deseo carnal por la del cuerpo. Imaginemos a dos personas que se aman, pero que van a estar medio año sin verse. Las necesidades de carne florecerán, por supuesto. Y no tendrán a su pareja para satisfacerlas. Ahí va la pregunta escandalosa: ¿Qué hay de malo en satisfacerse con otra persona? Sinceramente, ¿habrá amor en ese puntual acto sexual? Por supuesto que no. Entonces, ¿realmente importa? La esencia de ser fiel se basa en el alma, en el amor; y no en el cuerpo, en el sexo. Y resulta que lo más grave es que los mortales normales, aquellos que viven engañados pensando que realmente aman, son después los más partidarios a “poner los cuernos”.
El cuerpo es algo vulgar, como bien he dicho antes. Lo principal es ser fiel para con el alma de la persona amada, y en el caso de que esa persona desee (por cuestión de orgullo, no por otra cosa) que también le sean fieles para con su cuerpo, que así sea, puesto que la ley de anteponer a los deseos de su amado a sí mismo también está en juego. Eso sí, este tipo de fidelidad no va a ser una señal de amor más, simplemente un capricho que se le ofrece a su amor.
Del mismo modo, el subconsciente de aquel cuya obsesión se traduce en odio hacia otra persona, se vera planeando el modo de perjudicar directa o indirectamente al objeto de su odio cada día, cada hora, o incluso cada minuto, dependiendo de la intensidad de su obsesión. Muchos son los que se jactan de odiar a su jefe, al perro del vecino o al cantante de cierto grupo de pop/rock pero, ¿realmente es eso cierto? ¿Se pasan el día pensando en esas personas? No se debe utilizar el verbo odiar tan a la ligera, puesto que el odio es un sentimiento superior, casi perfecto, que muchísimos mortales son incapaces de sentir, a menos que reciban un impulso extraordinario. Exactamente igual que el amor (por ello habló Freud de ellas en conjunto). De todos modos, ¿que se puede esperar de una raza que cree en el amor a primera vista? Un individuo puede llegar a “enamorarse” hasta cinco veces en una misma noche de sábado. ¿Es eso amor, realmente? ¿O el mero deseo carnal que exige el vulgar cuerpo? La capacidad de amar (y por tanto, la de odiar) reside en el alma, y no en el cuerpo, como piensa la mayoría de la humanidad. Por lo tanto, escasas son las personas capaces de sentir algo tan sublime, por su incapacidad de despegarse de su cuerpo, ignorarle, y realizar el viaje del alma.
¿Y qué es lo que sienten esas personas, entonces, si no es amor, u odio? Hagamos una cosa. Llamemos de esa manera a eso que ellos sienten. Posiblemente sea el 95% de la población la que viva en ese engaño, así que menos nos costara cambiarle el nombre a lo nuestro. Añadamosle la palabra “verdadero”, al amor o al odio de verdad, a ese amor blanco (o negro) y puro. Que todo lo demás, lo gris, sea para los comunes mortales.
¿En que se diferencia el verdadero amor del otro? De inicio, a los que realmente se aman no les hace falta estar jurándolo en todo momento. Dos personas que realmente se quieren, bien lo saben, por que su vinculo es superior a cualquier otra cosa, más estrecho, casi telepático. Ese vinculo sale de sus almas, las une; y no de los cuerpos, como en la mayoría de la gente. A través de ese vinculo, la persona que ama será capaz de sentir muchas de las cosas que la otra persona sienta, y no diga. El amante de verdad es capaz de ver el dolor, el placer, los deseos, o incluso un posible amor como respuesta al suyo. El amor no es solo una burda atracción física. Hay parejas que parecen perfectas, por que se pasan el día juntas, y su vida sexual es completa (están todo el día como conejos). Pues no necesariamente esto último lleva a ser una pareja perfecta, cuyo amor es puro y verdadero.
Claro está, que todo esto puede no ser muy comprensible para la mayoría de la humanidad. ¿Como comprender algo que nunca has sentido, no sientes y posiblemente nunca sentirás? Lo único que pueden hacer es limitarse a ver la forma de actuar de una persona que ama de verdad. Esa persona tendrá unos valores muy distintos del resto. A diferencia de la mayoría de la humanidad, antepondrá el bienestar de su amado/a al suyo. Será capaz de sacrificarse, por que este no sufra. Le dará igual sentir dolor, con tal de que esa persona esté bien. Y todo por otra persona. Mucha gente dice que sí, que por supuesto estaría dispuesto a inmolarse por la gente que quiere. Habría que verle en el momento del sacrificio. Si realmente lo lleva a cabo, una de dos, o es muy valiente (y un poco tonto), o está enamorado.
Por último, la prueba definitiva de amor. La de la fidelidad. Esta es la que mas cuesta de asimilar, por parte de la gente. Queda claro que el alma y el cuerpo son dos cosas distintas, a distintos niveles. El amor va por parte del alma, y el deseo carnal por la del cuerpo. Imaginemos a dos personas que se aman, pero que van a estar medio año sin verse. Las necesidades de carne florecerán, por supuesto. Y no tendrán a su pareja para satisfacerlas. Ahí va la pregunta escandalosa: ¿Qué hay de malo en satisfacerse con otra persona? Sinceramente, ¿habrá amor en ese puntual acto sexual? Por supuesto que no. Entonces, ¿realmente importa? La esencia de ser fiel se basa en el alma, en el amor; y no en el cuerpo, en el sexo. Y resulta que lo más grave es que los mortales normales, aquellos que viven engañados pensando que realmente aman, son después los más partidarios a “poner los cuernos”.
El cuerpo es algo vulgar, como bien he dicho antes. Lo principal es ser fiel para con el alma de la persona amada, y en el caso de que esa persona desee (por cuestión de orgullo, no por otra cosa) que también le sean fieles para con su cuerpo, que así sea, puesto que la ley de anteponer a los deseos de su amado a sí mismo también está en juego. Eso sí, este tipo de fidelidad no va a ser una señal de amor más, simplemente un capricho que se le ofrece a su amor.